17 jul. 2011

Poemas de AGUSTÍN GARCÍA CALVO musicados por A. Selfa


Conocí a Agustín a principios de los 90 a raíz de unas versiones suyas de canciones de Brassens que yo empecé a grabar e interpretar. Poco después descubrí su libro: "Canciones y soliloquios" (Ed. Lucina) al cual pertenecen la mayoría de los poemas que he ido musicando a partir de 1996.



 ***



- Sereno estoy    (Canciones y soliloquios, 57)
- Por las marismas    (Canciones y soliloquios, 98)
- Libre te quiero    (Canciones y soliloquios, 10)
- ¿Quién pintó la luna?    (Canciones y soliloquios, 94)
- Son dos gaviotas    (Más canciones y soliloquios, 213)
- Juraría que he sido feliz    (Canciones y soliloquios, 132)
- La lluvia muere en charcos   (Canciones y soliloquios, CXXXIII)
- Cuando está tan llena la luna    (Más canciones y soliloquios, 163)
- Para ti quisiera ser    (Canciones y soliloquios, 50)
- Si la madera...    (Canciones y soliloquios, 4)
- Tú, cuya mano...     (Canciones y soliloquios, 5)
- Secas están las fuentes del olvido  (Canciones y soliloquios, LIII) 
- Mañana no    (Y más aún canciones y otros juegos, 233)
- El hechizo    (Y más aún canciones y otros juegos, 231)
- Algo queda   (Valorio 42 veces, XLII)
- No sé que quiere decir   (Valorio 42 veces, IX) 
- Porque una vez te dije...  (Valorio 42 veces, VI )
- Mira: aunque me veas...   (Valorio 42 veces, XIII



***



ALGO QUEDA



ALGO QUEDA (directo en Russafa, Valencia, 2015)



¿Queda algo de lo que pasa,
                               amor? Algo queda.

De las estrellas de anoche
    que borró la mañana
huellas hay entre la yerba,
no sé qué letras de plata,
    para que tú las leas.
                             Algo de lo que pasa,
                                amor, algo queda.

La rana misma que ahora
    ha saltado a la charca,
zas, se fue, pero nos deja
onda tras onda en el agua:
    nunca sabrás la cuenta.
                         Algo, algo de lo que pasa,
                                  amor, algo queda.

Al aire, apenas decirla,
    se voló la palabra:
eco y eco de ella ruedan
sin fin perdiéndose tras las
    nubes y las estrellas.
                          Algo, amor, de lo que pasa,
                                           algo queda.

Y del amor que en tus labios
    una vez palpitara
eco y onda y clara seña
laten y alientan y granan
    donde ni tú lo sepas.
                           Algo queda de lo que pasa
                              amor, amor, algo queda.
              
(Poema XLII de "Valorio 42 veces")






 


No sé qué quiere decir
    el jilguero en la rama,
    el guijarro en el agua,
    el rocío en la malva,
en el cielo la nube blanca,
    no sé, de veras, amiga,
    no sé qué quiere decir.

No sé qué dice tu brazo
    ondeando en el aire
    ni tus ojos nublándose
    ni tu boca anhelante
ni tu blanca nuca negándome,
    no sé, de veras,
    no sé qué quiere decir.

Y aunque lo llamen amor,
    este estarse mirando,
    esta mano en la mano,
    este látigo manso,
este vértigo de los años,
                     no sé,
    no sé qué quiere decir.


(Poema IX del libro "Valorio 42 veces")






 






***

Para conocer la obra de Agustín García Calvo, pincha aquí:  http://www.editoriallucina.es/

Una página muy interesante es la de Javi Sanmartín: 
Baúl de Trompetillas, dedicada a Agustín Gª Calvo, Isabel Escudero y Chicho Sánchez Ferlosio.


Otros libros de poemas de Agustín G. Calvo:
  • Del tren (83 notas o canciones)
  • Libro de conjuros
  • Más canciones y soliloquios
  • Ramo de romances y baladas
  • Relato de amor
  • Sermón de ser y no ser
  • Valorio 42 veces
  • Uno o dos en 23 sitios y más
  • 4 canciones de amor perdido y el cínife
  • Suma del vuelo de los hombres
  • Cantar de las dos torres
  • Y más aún canciones y otros juegos





***








Sereno estoy

Sereno estoy como la mar
serena.
Acude, amiga, a sollozar
tu pena.

No sepa ni diga
mi amiga carnal
que tiene el corazón
de sal

Sereno estoy como la noche
serena:
¡Qué tiempo, amiga, qué derroche
de arena!

No espere ni quiera
mi amor la fortuna
de que en su pozo caiga
la luna.

Sereno estoy si tú lo estás
(serena).
Si yo soy bueno, tú eres más
que buena.

No esperes ni quieras,
amor; y llorar,
así como la noche
y el mar.







Libre te quiero


Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.

Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.

Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.

Alta te quiero,
como chopo que al cielo
se despereza.
Pero no mía.

Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.

Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.








Si la madera (Poema nº 4)

Si la madera
tuviera tuviera
yemas y brotes
y verde corteza
y brazos al aire,
raíces en tierra,
nunca sin embargo,
nunca, muchacho, sería un árbol
la madera.

Si la bandera
de flor floreciera
y por el pueblo
a abriles oliera
y de ella libaran
enjambres de abeja,
nunca sin embargo,
nunca, muchacho, será una rosa
la bandera.

Y aunque se vista
de domingo el domingo,
y aunque relumbre
de mil tiovivos
y risa fabrique
de juego y de vino,
nunca sin embargo,
nunca, muchacho, será tu día
el domingo.







 ¿Quién pintó la luna
sobre los techos de pizarra?
¿Quién sembró los trigos
debajo del agua?

Tan tonto estás, almita mía,
tan tonto y tan.

Dormíase mi niña
y todos me la acariciaban,
padres solteros,
doncellas preñadas

Tan tonto estás, almita mía,
tan tonto y tan.

Donde no hay guerra parece
como si no pasara nada:
los gusanos tejen;
también las arañas.

Tan tonto estás, almita mía,
tan tonto y tan.

Si alguno llora es porque
sabe que hay lágrimas;
y cuando uno se ríe es
porque le da la gana

Tan tonto estás, almita mía,
tan tonto y tan,
mi alma.



***



Son dos gaviotas,
en el cielo de la bahía
de Cádiz a Rota,
una blanca al sol,
otra negra de sombra
palpitando en el aire calino
sobre las olas.
Cuando me arrojan
de los puertos a tierra adentro
los trenes, las horas,
fieles ellas dos
vienen juntas y bogan
sin moverse en el cielo nubloso
sobre altas rocas,
ellas ambas solas.
Y los días se van a migas,
los años en tromba;
ya no sé ni cuando
asomado a la costa
yo las vi navegar, negra y blanca,
palpitadoras.
Ah, pero ahora,
a mis ojos, a todo el cielo
por siempre, afanosas,
blanca y negra al par,
siguen, quietas y sordas,
palpitando en aire desierto,
una con otra.



***



LA SOMBRA DE LA VÍBORA (Agustín Gª Calvo / Música de Javier Sanmartín)



La sombra de la víbora
no tiene veneno.
Entre las vïoletas
se enrosca el Tiempo.
Y ya, compañerita de mis edades,
te lo agradezco
todas las armas
que no empleaste.

Los besos de la guerra
desgarran mi aire.
Se enzarza Eva pequeña
con mil Adanes.
Y yo, compañerita, tan cerca y lejos,
como tú sabes,
lo que no hiciste
te lo agradezco.

Tu amor en esta selva
se va desprendiendo
de amor, y queda un blanco
de fruto tierno.
Y aquí, compañerita, por las aljabas
del mal no hecho
mi cuerpo herido
te da las gracias.

Sangrando la paloma,
la sierpe helada.
¡La vida tras tus ojos,
tu furia mansa!
Y tú, compañerita de mis escuelas,
por tanta nada
tan pïadosa
bendita seas.





CUANDO ESTÁ TAN LLENA LA LUNA (Agustín Gª Calvo / A. Selfa) en LALIA (Valencia, 2013)

Cuando está tan llena la luna


De pena morir pensamos
o de peste o de sed,
de no encontrar lo que quieres,
de no saber qué querer.

Pero eso ayer:
cuando está tan llena la luna,
¿qué mal nos puede suceder?

Correr los caminos quise
con Marcelo y José,
por ver si tras de los mares
la miel no se vuelve hiel.

Y ¿para qué?:
cuando está tan llena la luna,
¿qué mal nos puede suceder?

Pensé en fabricar guarida
donde fuese a yacer
el viejo baboso y seco
que nazca de mí tal vez.

Pero eso ¿qué?:
cuando está tan llena la luna,
¿qué mal nos puede suceder?

Ruiseñor que grita (y no puede)
su cantata de fe:
ruiseñor, que quieres a gritos
tu jaula ronco romper,

¿por qué, por qué?:
cuando está tan llena la luna,
¿qué mal nos puede suceder?








+

Mañana no

Cuando dices
que mañana sí,
yo me quedo
mirándote a los labios y
a los dientes
y a la punta de la lengua mientras dice
"mañana", que mañana, que mañana amor, mañana.

Tú no sabes
lo que dices, no,
cuando dices
"mañana", y nadie sabe, no,
qué es "mañana",
dónde vive, cómo huele, qué será
mañana tu "mañana", tu "mañana amor" mañana.

Pero suena
tan azul tu voz,
y tan dulces
los ojos se te nublan, y
tan temblando
esa boca se entreabre cuando está
diciéndome "mañana" y que mañana amor, mañana...

Ah amorcita,
deja, déjame
que te bese
los labios mientras dicen "ma",
y los dientes
al decir que "ña", y el pico de la lengua
antes que acabe de decir "mañana". No mañana,

no, no, no, no, no,
mañana no, mañana no.







*********


Poemas de Agustín García Calvo


***

Tú, cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas,
cuyos ojos en claros naufragios hundieron
algunos principios elementales de mi alma,
tú eres mi patria.

Tú, que no tienes apellido,
que no sé si eres pájaro o si alcándara,
que de todos tus brazos las letras de plomo
cayéndose han ido, como si fueran nueces vanas,
tú eres mis padres
y mi patria.

Tú, que ni tú te acuerdas dónde
tendiste a orear las nubes blancas,
que de tantos amores que tienes confundes
el nombre de todos los días de cada semana,
tú eres mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que tan dulcemente besas
que el cielo bocabajo se volcaba,
y que no se sabía de quién ya la lengua,
de quién la saliva, de puro sabrosa y templada,
tú eres mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que apacientas calaveras
por las praderas de la verde África
y a los rojos leones les echas de pasto
las rosas de leche de aquella luna de Sumatra,
tú eres mi ejército
y mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Eres mi ejército y mis leyes
y mi Dios y mis padres y mi patria,
y el ejército y Dios y las leyes y todas
las patrias y padres se creen que tú no eres nada:
que no eres nada.


***


Porque una vez te dije
“Hueles a violetas”,
ya tengo cada año
que ir a traértelas.
¡Ay, qué condena,
que ya no sé
si son ellas tú,
si eres tú ellas!

Ya me conoce el bosque
como a sus veredas,
y su pinar de en medio,
y sus casetas.
Ánima en pena
de guardabosques
también me saluda
cuando me encuentra.

Como un sabueso ciego,
por arroyo y senda
husmeo, hasta que digo
“Huele como ella”.
Y ellas recuerdan
cuando tus ojos
de amor se enturbiaban
entre la yerba.


Amor es su costumbre,
aunque no se entienda;
y si unas se amustiaron,
otras clarean.
¡Ay, si pudiera
seguir, amor,
mascando yo flores
junto a tu oreja!

¡Viva por ti, Valorio,
aunque no lo veas,
y se haga tan espeso
como lo era!
Y si te empeñas
en morir tú,
¡allí donde caigas,
lo mismo huelas!

 (Poema IV del libro "Valorio 42 veces")


***
 
Para ti quisiera ser

como sol de noviembre,

que no quema y alumbra a las gentes.

Pero no me toques, niña,

que vivo de fiebre.



Quisiera ser por gracia tuya

como sol de febrero,

que da luz y recata su fuego.

Pero no te llegues, niña,

que todo lo quemo.



Quisiera ser para tu cuerpo

como arroyo de sierra,

que en su fondo las guijas platean.

Pero bajo grueso y turbio:

por mí no te metas.



Por ti sería el álamo

do sestea la tórtola:

aire, amor, que me roce las hojas!

Pero mata como enebro

-huye, niña- mi sombra.



Por ti no quisiera ser

ni río ni barca

ni sol ni alameda ni nada.

Pero lo soy, y devoro

cuanto me ama.



Entre mí y amor, hermana,

es guerra por siempre:

si me quieres, no soy el que quieres.

Huye de mí, niña, huye

al monte, a las fuentes.


***



Juraría que he sido feliz
una vez en la tierra.
Pero tú no lo sepas, mi alma,
pero tú no lo sepas.

No sé el día, el año tampoco
ni el siglo siquiera,
ni si fue de mañana o de tarde
o noche serena.
Pero yo juraría que un día
fue la paz de la guerra.

No sé quién estaba conmigo,
si era blanca o morena,
ni si era de amor o del solo
temblor de la yerba.
Pero yo juraría que fue
verdad verdadera.

Yo de cierto no sé si fui yo
o era otro cualquiera:
sólo que era feliz y que toda
la vida lo era.
Pero tú no lo sepas, mi alma,
pero tú no lo sepas.

***



La lluvia muere

en charcos por la tierra,

pero en tus ojos

sigue la vida presa.

Por esos ríos

irá el agua sin tregua.

No hay en mi mano

nada: mírala abierta.



¿Un año acaba?

Otro año comienza.

Ni sabe el tiempo

que los hombres lo cuentan.

Lo que yo sé

no quiero que lo sepas.



Que nunca aniden

los cuervos en tu huerta!

Que en tu tejado

nunca arraigue la higuera!

Que mi caballo

no relinche a tu puerta!


***


Secas están
las fuentes del olvido:
el corazón,
seco; pero te escribo
con estos posos
de tinta de mí mismo.

Salud, amor.
El sol es amarillo,
sol asombrado
de seguir sin ti vivo.
Aquí está el banco
donde estuve contigo,
no sé por qué,
ni nunca lo he sabido.
(Tú, que lo sabes,
¿nunca podrás decírmelo?)

Quiero mandarte
por el coche el Domingo
un ruiseñor
tiritante de trinos,
que diga “Amor”,
preso de oro en hilos
“amor, no quiere
que estés triste tu amigo”.

Mas solo tengo
este demonio antiguo
de querer ser
y querer no haber sido:
tan pobre soy
que eso es todo lo mío.
Por si de algo
te sirve, te lo envío.
Salud, amor.
La sombra del olivo
vele tu sueño,
pues de tu sueño vivo. 



***




Quisiera saber hacer
un conjuro de veras,
con una gotas de miel,
un chorrito de arena,
para que del fondo de tu lejanía
aquí de pronto
te aparecieras.

Me faltas, mi niña, tanto,
que ya palpo tu ausencia,
tus pestañitas de miel,
tu cintura de arena,
que, de tanto casi que te echo de menos,
más, más te siento
que si estuvieras.

Y sin embargo (ya ves),
aunque tanto te sienta,
no sé qué falta, que no
es la cosa que era,
que el recuerdo hambre de tu masa tiene,
y pide, el loco,
que estés de veras.

Haré un hechizo por ti,
aunque hechizos no sepa,
con ramo de avena loca,
con dos hojas de menta,
con el humo blanco de gamona y malvas,
para olvidarte,
para que vuelvas.


***


Por las marismas de Huelva,
por las marismas,
compañerita,
que la tarde se va vacía.

La desolada en el auto
fija y enferma,
compañerita,
y en el auto y a más de ochenta

Y un segador con su asno,
ciego de polvo,
compañerita,
que se va hacia los cerros blancos.

Y de la radio del auto
por las marismas,
compañerita,
los jirones de algún fandango,

que dice: “¿Pa qué las prisas,
compañerita,
pa qué las penas,
si ella sola se va la vida?”


















"Por las marismas" entre amigos:
José Saborit, Lola Mascarell, Virginia,
Rosa Artero y Javi Sanmartín, entre otros. 
(VALENCIA, 2013)